Blog de AlmudenaSerranoMota

Los dulces y regalos de Navidad siglos atrás

Escrito por AlmudenaSerranoMota 15-01-2019 en El arca de tres llaves. Comentarios (0)

Los dulces y regalos de Navidad siglos atrás

Programa de radio emitido en Cadena SER, el 31 de diciembre de 2018

Los dulces y regalos de Navidad siglos atrás

En el espacio de hoy, más teniendo en cuenta las fechas en las que estamos inmersos, queremos recuperar para todos nuestros oyentes las peculiaridades de los dulces que se consumían en las Navidades de siglos pasados.

Lo que sabemos de estos ricos alimentos quedó escrito en muchos documentos que se conservan en los Archivos Históricos de España, donde quienes quieran conocer más sobre ello podrán trasladarse al siglo XVI, XVII o XVIII. Sin duda, otros tiempos…

Tiempos que hoy recordamos, puesto que en las Navidades a los que tenemos una edad los recuerdos nos asaltan, hoy vamos a intentar que quienes nos escuchan sepan más de qué dulces se consumieron hace tantos años.

Y empezaremos por las almendras, base del turrón del que luego hablaremos.

Almendras dulces, amargas, almendrados… ¿Qué sabemos de este fruto seco tan importante en la economía de tantos pueblos…?

Las almendras se vendían por libras, onzas y arrobas. Para su elaboración y venta, los confiteros tenían en sus obradores tablas donde las ponían a secar. De ahí se pasaba a elaborar aceites de almendra dulce, que en medicina se consideraba el purgante más agradable para los niños.

Y, por supuesto, las almendras peladas para las confituras, o el almendrón pelado, que era una golosina, o los almendrados, por supuesto, que también elaboraban los maestros confiteros.

Confiteros, confiterías… ¿Qué era lo más se vendía…?

En las confiterías se fabricaban y vendían alimentos tan ricos como las peladillas, marquesillas, mermeladas, caramelos, mazapanes, bizcochos y muchas cosas más que eran muy solicitadas.

Y los turrones, que también se vendían por libras, onzas y arrobas, como luego veremos. Y que, desde luego, se tomaba en Nochebuena, según sabemos por las compras que se hicieron, por ejemplo, en el año 1575 en una casa.

Y con el turrón, también una fruta típica de este tiempo, las granadas…

Frutos secos, las almendras, y frutas frescas, las granadas, las pasas y, nuevamente, el turrón…

En una carta que se mandó al marqués de Cenete, el 5 de diciembre del año 1701, se incide en el hecho de que por no malograr la fruta deste pays, que en este año se encuentra poco sazonada, remito a Vuestra Excelencia esa carga de granadas, que se servirá mandar recibir en ínterin que llegan unas arrouetas de pasa y unas caxuelas de turrón…

Y creo que también tenemos noticia de aquellos años de un turronero célebre…

Claro, hay marcas de dulces que todos conocemos, que no tienen su origen en el siglo XX ni mucho menos, como así vamos a comprobar en esta cuenta de turrón y almendras peladillas que se entregó para que se pagase desde la casa del conde de Luque, de todo lo que compró, que fue lo siguiente:

7 docenas de cajas de turrón de a media libra y una docena de a libra

6 cajas de almendras peladillas, a 18 reales una.

La compra ascendió a 432 reales que se tuvieron que pagar al confitero turronero, Francisco Picó, quien firmó el recibí, en el año 1855, en Córdoba.

Y el turrón también formaba parte de los regalos que se hacían en estas fechas…

Entre los obsequios que se hacían estaba, desde luego, el turrón. He traído un documento, una carta enviada por el secretario de un duque, semanas antes de Navidad, el día 6 de noviembre de 1751, con previsión de tiempo suficiente, en que se da cuenta de aquellos regalos que hacía el duque, como costumbre arraigada en Navidad:

El correo de ese reyno no ha llegado a esta Corte, sin duda, por las muchas lluvias que aquí se experimentan, y continuando ausente el Duque, mi señor, prevengo a vuestra merced, de orden de su excelencia, que para los regalos de la Navidad próxima, que acostumbra hazer la casa, haga aprontar, de suerte que estén aquí el día quinze de diciembre venidero, treynta y dos toneles de azeite, los veinte y dos de a dos arrovas y diez de a una, castellanas, de la mejor calidad, con seiscientas cajas de turrón a dos libras, también castellanas, cada una, y que a su tiempo cuide vuestra merced de que vengan dichos géneros bien condicionados…

Otro ejemplo de qué alimentos formaban parte de los obsequios de estas fechas tan festejadas lo tenemos en el año 1804, en que el marqués de Castromonte, según era costumbre cada año, repartió los regalos siguientes:

Canales de tocino que fueron enviados a la Señora condesa de Trullas, a dos abogados y a un médico.

Otros regalos que hizo el marqués los recibieron el cajero principal de la tesorería mayor en ejercicio, a quien envió una arroba de chocolate y un bote de 4 libras de tabaco. Además, en la nota de entrega se indicaba el domicilio del obsequiado, que vivía en la calle de la Concepción Jerónima, Casa nueva, frente a la Cruz de la Plazuela, quarto 2º.

El chocolate también se regalaba, y el tabaco… ¡Pero también se enviaban chorizos…!

Aquel marqués obsequió con media arroba de chocolate y 4 docenas de chorizos a un ayudante de la tesorería, que vivía en la calle del Azotado, luego que se entra por la plazuela del Cordón.

Otros que recibieron chocolate fueron varios procuradores de los tribunales, uno de ellos vivía en la calle de Jacometrezo, número 4, enzima del estampero, y otro en la calle del Príncipe, frente el marqués de Villa López, nº 7, quarto principal.

Sin embargo, a un médico que vivía en la Calle del Pez, le mandó sólo 4 docenas de chorizos y, además, le pagó el sueldo de todo el año. Sin chocolate ni otros obsequios.

¡Le debía el sueldo de todo el año…!

Además sabemos que el trabajo de los confiteros se supervisaba en las fechas cercanas a la Navidad.

El modo de controlar las tareas de confiteros, que en Navidad tenían tanto trabajo, era realizando las Visitas a dulces de Navidad, ordenadas por el Corregidor.

Así, tenemos que, el 9 de diciembre del año 1817, en Madrid, fueron citados los veedores de los confiteros, que eran quienes hacían aquellas visitas a las confiterías, todo ello según se acostumbre practicar la semana anterior de Navidad.

Habiendo dispuesto que se haga en el día de mañana la visita de dulces, como se acostumbra y se executó el año próximo pasado la semana anterior a la de Navidad, mandé llamar a los veedores de dicho gremio, quienes me han manifestado que estaban citados de orden del señor corregidor para dicha diligencia, que quería practicar el lunes próximo como Subdelegado de la Junta de Comercio.

Y para finalizar el espacio de hoy, no podemos dejar de hablar del roscón y de otros alimentos consumidos en estos días por quienes vivieron en el siglo XVI…

Los confiteros elaboraban, entre tantas delicias, los roscones, que eran roscas grandes, de masa, que se consumían entonces.

Pero también era típico tomar castañas, higos, naranjas, peras, pescado fresco, cabrito, longanizas, vino… Todo ello documentado en la celebración de la Nochebuena.



Las felicitaciones de Navidad y Año Nuevo en siglos pasados.

Escrito por AlmudenaSerranoMota 15-01-2019 en El arca de tres llaves. Comentarios (0)

Las felicitaciones de Navidad y Año Nuevo en siglos pasados

Programa de radio emitido en Cadena SER, el 24 de diciembre de 2018.


Las felicitaciones de Navidad en el siglo XVII

La Navidad se viene celebrando desde siglos atrás y entonces como ahora se ha tenido la costumbre de enviar felicitaciones a la familia, amigos y otras personas que merecen nuestra consideración.

Hoy, con las nuevas tecnologías, han caído en cierto desuso enviar aquellos christmas que todos hemos escrito en algún momento, y los hemos sustituido por felicitaciones más o menos personales.

Pero ¿cómo se deseaban Feliz Navidad y un Feliz Año Nuevo en el siglo XVII…? Esto es lo que vamos a comentar hoy de la mano de los valiosos documentos que se conservan en nuestros Archivos Históricos.

Efectivamente, en el pasado como hoy se tenía la costumbre de enviar la felicitación navideña y felicitar la Pascua de Navidad, la entrada de año y la festividad de Reyes. Pero, al contrario de los escuetos mensajes que recibimos y enviamos, entonces lo hacían utilizando las cartas, que no eran muy extensas y que casi todas cumplían un protocolo a la hora de expresar la felicitación de las Pascuas y del Año Nuevo.

O sea, que lo de felicitar la Navidad, el Año Nuevo y desear Felices Reyes tampoco es tan nuevo porque, según vamos a ver, tiene siglos de existencia…

Por ejemplo, tenemos una carta del 9 de diciembre de 1685, enviada por Antonio Melgarejo, desde Bélgica, dirigida al duque de Béjar, que dice así:

Señor, aunque pudiera escusar el cansar a Vuestra Excelencia no me da lugar el tener estas Pasquas tan próximas, porque como criado tan afecto me es preciso anunciárselas a Vuestra Excelencia, juntamente con las entradas de Años y de Reyes, que como tan interesado me olgaré las tenga Vuestra Excelencia muy felices, en compañía de my señora, la duquesa y mis señores. Yo quedo rogando a Dios me guarde la persona de Vuestra Excelencia, muchos años, como deseo y e menester.

Además, vemos que se enviaban con los días de antelación necesarios para que se recibiese oportunamente…

Claro, siempre dejaban un margen porque el correo entonces, desde Flandes a España, tardaba varias semanas, aunque algunos se descuidaban un poco, como esta otra carta, de Luis de Costa y Quiroga, del 12 de diciembre de 1685, enviada desde Bruselas, para el Duque de Osuna, en la que escribió lo siguiente:

Señor, si en todos tiempos he deseado las ocasiones para tributar a Vuestra Excelencia el obsequioso rendimiento que deuo a Su Grandeza (…) las próximas Pasquas del Nacimiento de Nuestro Redemptor me dan atrevimiento y motivo para anunciárselas a Vuesta Excelencia, con la veneración y respeto que me imponen mis infinitas obligaciones, deseando que Nuestro Señor se las conceda a Vuestra Excelencia, colmados de toda felizidad, de que resultará el tenerlas proporcionadas.

Y aprovechando que se enviaba la felicitación navideña, el interesado dejaba claramente en su misiva la petición de que el duque de Osuna, a quien iba dirigida, le siguiese protegiendo:

 Si Vuestra Excelencia se sirviere de admitir este tan deuido a mi atención y de continuarme su poderoso amparo a medida de la ambición con que vino en él todas mis esperanças. Nuestro Señor guarde la Excelentísima persona de Vuestra Excelencia, los muchos y felices años que deseo y he menester.

Desde luego, comprobamos que aprovechaban aquella ocasión para seguir solicitando el favor de los nobles… continuarme su poderoso amparo… La felicitación de Navidad y Año Nuevo era una buena ocasión.

Por supuesto, era un momento idóneo para demostrar cercanía, aprecio, manifestar que, aunque se estuviese en Flandes, no se podía olvidar la carta enviando los mejores deseos.

Veamos otra carta que llegó, esta vez, desde Nápoles, escrita por José Caro y dirigida al duque del Infantado, el 27 de noviembre de 1699. Esta misiva fue enviada con tiempo, para que llegase lo antes posible a su destinatario, que se tuviese en cuenta su fidelidad.

Deseo a Vuestra Excelencia, en todos tiempos, las mayores felicidades (…) pareze que este de las próximas Pasquas del Santo Nacimiento de Nuestro Redemptor llama a mi obligación para representar a Vuestra Excelencia esta verdad, y el rendimiento y veneración con que siempre estoy a vuestros pies, cuya Excelentísima persona guarde Dios en su mayor grandeza muchos años, como deseo y sus criados hemos menester.

Estas cartas se aprovechan siempre para agradecer honras recibidas, en la seguridad de que seguirán siendo tales, como la carta de cortesía que envió Juan de Velasco, capitán, a Juan de Dios Silva Mendoza, felicitando la Navidad, el 17 de diciembre de 1692, desde Bruselas.

En primer lugar, el capitán expone su agradecimiento de este modo:

La falta de conocimiento y mi mucha cortedad no me an dado lugar, asta ahora, de satisfacer esta primera obligación de ofrecerme al seruicio de vuestra merced y darle repetidas gracias de las onrras que e experimentado, guiadas por su dirección, a que eternamente viviré obligado, tanto como agradecido sin que me falte la memoria de que el duque, mi señor, me aya fauoreçido por la ynterçesión de vuestra merced.

Y, a continuación, el capitán expresa su felicitación:

Y con ese seguro pasa mi rendimiento a suplicarle admita el anunçio de las Felices Pasquas de el Nacimiento de Nuestro Criador, con entradas de años nueuos y demás festividades, que se las desea mi buena ley con prosperidad perfecta salud y demás cargos.

Seguidamente, el capitán Juan de Velasco, se brinda a seguir sirviéndole, como militar que es:

Esta experiencia la e visto por mí y no dudo que abrán sido y son muchos a los que vuestra merced aya patroçinado con su aussilio y su mucha caridad. Si vuestra merced me allare capaz de que le pueda seruir, le buelbo a suplicar disponga de mi persona a su satisfacción, que a mi me puede seruir de mucha gloria dar entero cunplimiento a sus órdenes asta dar la última gota de mi sangre por su seruicio y por su respeto. Guarde Dios la persona de vuestra merced felices años como deseo y yo he menester. Juan de Velasco.

En todas estas cartas comprobamos el protocolo de saludo y reverencia que se tiene con estas personas, cómo muestran su obediencia a estos nobles, y entre ellos mismos, y cómo se pide el favor y se espera ese beneficio.

Pero tratántose de estas fiestas no podían faltar los regalos y siglos atrás también se hacían, claro… Nos has traído varios ejemplos, uno del siglo XVIII y otro más cercano a nuestros días, de principios del siglo XX.

Otra carta muy simpática que he traído es esta en la que, además de felicitar el Navidad y el Año Nuevo, se hace saber que se envía un regalo, que consiste en un loro. La carta se escribió en Cádiz, el 18 de diciembre de 1770, y dice así:

Querido primo: deseo a vm felices pasquas y entrada de año nuevo, en la amable compañía de mis queridas prima, tía y sobrinos, cuia espresión hacen los chiclaneros con afectuosas memorias para todos.

El día 15 del corriente salió el loro para esa corte. Desearé que llegue con toda felicidad de que espero tener este aviso para mi consuelo. Ya dixe a vm del trato que se le ha de dar y quando se quiera oyr ponerlo a el balcón y dejarlo que él dirá lo que es. Lleva jaula nueva, funda de bayeta.

Y para finalizar el espacio de hoy veamos esta emotiva carta, escrita por un hermano a otro, desde Madrid, el 9 de noviembre de 1917 en que, entre otras cosas, se dice que ya está pensando su viaje de primero de año y nos dice que nos manda un regalo para Nochebuena.

Ya era ora que nos escribiera, que desde el día 13 de septiembre que recibimos carta suya con fecha del 29 de agosto. A ver si nos mandas un retrato cuando nos escribas, a ver si te conocemos, porque según dicen estás desfigurado por estar más delgado y sin bigote.

Ya no parecerás militar sino un señorito. Si estuvieras más cerca te mandaríamos unos pájaros que se ha vuelto Basilio cazador con una red del confitero y van los domingos él y un compañero suyo a la caza de colorines y pardillos.


El origen y uso de la pólvora en la Historia

Escrito por AlmudenaSerranoMota 15-01-2019 en Así dicen los documentos. Comentarios (0)

El origen y uso de la pólvora en la Historia

Programa de radio emitido en Cadena SER Cuenca, el 3 de enero de 2019.


El uso de la pólvora

El espacio de hoy lo vamos a dedicar a conocer algo sobre el origen y uso de la pólvora, que según se estableció en un antiguo tratado era el alma verdadera de la artillería, que está en la base de los progresos del arte de la guerra.

Y hablaremos al final del programa de algunos casos sobre usanza de la pólvora, ocurridos en nuestra tierra, en Cuenca.

Y para comenzar, lo mejor es ir al principio de todo, al origen de la pólvora, su invención y sus primeros usos…

En efecto, el origen de la pólvora es antiquísimo y se la puede considerar como una de las más importantes innovaciones tecnológicas del ser humano, puesto que ha supuesto un hito en el desarrollo minero y, también, en las obras públicas, sin olvidar el uso militar del que hablaremos, cómo no.

Tradicionalmente se establece su origen en China, en el siglo IX, en que se fabricó pólvora negra tras una mezcla de nitrato potásico, carbón vegetal y azufre.

Así se reconoce en el Tratado de la pólvora, editado en Segovia, en el año 1847, libro del que facilitaremos a nuestros oyentes el enlace en Internet, cuando se publique la noticia, para que los consulten en la  web de este programa http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000028670&page=1

Bien, pues en este Tratado de la pólvora se dice lo siguiente:

El salitre, el azufre y el carbón fueron empleados en las primeras pólvoras, y estos mismos principios se reconocen hoy como necesarios para que el compuesto resuelva cumplidamente el problema que se encierra en su misma definición, en el momento de transformarse en cuerpos gaseosos de naturaleza expansible.

Y en cuanto al origen se pone de manifiesto que los primeros pueblos que debieron fijar su atención en el salitre debieron ser los más orientales del Asia, porque la naturaleza lo ofrece allí con mayor abundancia en la superficie de su suelo en estado de eflorescencia.

Además, se dice en este Tratado que el salitre se forma en Egipto, en dos lagos situados al oeste del Delta, y que es tan duro que para romperlo se emplean barras de hierro.

Sobre el salitre tenemos que decir que se usaba y se podía encontrar en las boticas del siglo XVI y que, además, era recogido por los boticarios de los muros viejos de los edificios. Ese salitre que se provoca en la roca caliza por la filtración del agua, que aparece en forma como de algodón.

Sobre el salitre y la pólvora, en el año 1782 se publicó un libro con un título bastante indicativo: Discurso sobre la pólvora: su descripción, origen, intrínseco valor, plausibles efectos, necesidad de ella, escasez que hasta aquí hubo en España, su abundancia actual y medio descubierto para que se conserve y aumente, libro del que también dejamos el enlace a nuestros oyentes en la web del programa http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000062004&page=1

Sabemos que has traído algunas notas curiosas sobre el salitre que vamos a comentar antes de entrar en su uso militar o defensivo…

Una de las curiosidades de la utilización del salitre fue que los antiguos lo usaron para construcciones, como se justifica por las ruinas de la fortaleza de Alcassar, en el imperio de Marruecos.

Además, los persas dieron al salitre el nombre de sal de la China, y el aspecto exterior del salitre llamó la atención de los médicos de Egipto, y por él le dieron el nombre de nieve de la China.

¿Y cómo llegó el uso de la pólvora a Europa, cuál fue el camino…?

Como dijimos, fue en China donde se comenzó a usar y esto se justifica porque el salitre se presentaba en tan extenso país con mucha abundancia y en el estado ya casi puro y cristalino en la superficie de su suelo.

Pero, inevitablemente, su uso se fue extendiendo y parece que fue el monje Roger Bacon, en el siglo XIII, el encargado de su difusión que, a su vez, lo había aprendido a partir de textos árabes.

Y, a partir de ahí, el modus operandi de las guerras cambió…

Así fue a partir del siglo XIV en que la pólvora se comenzó a utilizar para propulsar armas de fuego, convirtiéndose en el elemento principal de los enfrentamientos, usándolo como explosivo en cohetes, bombas, cañones, pistolas, mosquetes o granadas.

Y también se usó en la minería…

Así es, en el siglo XIX ya se comenzó a usar la mecha de seguridad en las voladuras, algo más controladas desde ese momento y no voladoras a gran escala, con el peligro que suponían.

Y si entramos en el siglo XIX, no podemos dejar de hablar de Alfred Nobel…

Claro, como algunos oyentes conocen, Nobel experimentó con nitroglicerina, que había sido descubierta por un italiano en el año 1842. Además, Nobel mejoró su proceso de fabricación, no sin antes haber visto cómo se destruyeron accidentalmente varios de los lugares donde trabajaba.

En el progreso de sus descubrimientos, Nobel patentó la dinamita, en el año 1867. A partir de ahí se fueron construyendo rápidamente fábricas y fue sustituyendo a la pólvora.

Y llegados a este punto, vamos a conocer algunos usos de la pólvora en el pasado, recuperados de los documentos que nos traes esta mañana…

Sí, empezaremos por contar cómo se usó la pólvora en el año 1536, en la fortaleza de Santo Domingo, para lo que la Reina Juana, madre de Carlos I, ordenó, a través de una Real Cédula, que los navíos hicieran salvas a la fortaleza, según vamos a leer:

Sabed que por cédula nuestra está mandado y ordenado que todos y qualesquier navíos que de qualesquier partes viniesen y entrasen en el puerto de la dicha çibdad de Santo Domingo, de la dicha ysla Española, fuesen obligados a saluar la fortaleza della, y a tirar çiertos tiros y alçar bandera, porque no se haciendo esto podría nacer ynconvinientes.

Agora, por parte de Gonzalo Fernández de Oviedo, nuestro alcaide de la dicha fortaleza de la dicha çibdad, nos ha sido suplicado que, porque en efectuarse lo susodicho, así de ciertos años a esta parte, mandase que de aquí adelante se hiciese o como la nuestra merced fuese, lo qual, visto en el nuestro Consejo de las Yndias.

Veamos, entonces, qué fue lo que determinó la Reina para la mayor seguridad de la fortaleza de Santo Domingo, según llegaban los navíos:

Y por convenir a nuestro servicio y para la buena guarda de la dicha ysla y seguridad de la dicha fortaleza, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra carta, por la que vos mandamos a todos y cada uno de vos que, de aquí adelante, todos a qualesquier maestres o dueños de qualesquier navíos que llegaren a la dicha isla española, sean obligados de que antes que enparejen y se acerquen con los tales navíos a la dicha fortaleza, tirar un tiro de artillería, y quando llegaren y enparejaren a ella tiren otro tiro de su artillería.

Pero, además de tirar los tiros de artillería, se debía alzar bandera en señal y para que el nuestro alcaide, Gonzalo Fernández de Oviedo, o el que después fuere de la dicha fortaleza, reconosca que los tales navíos son de nuestros súbditos e naturales.

Y si esto no lo hacía el maestre o dueño del navío pague la tal persona, luego que llegare, un quintal de pólvora, para el servicio de la dicha fortaleza, la qual dicha pólvora sea entregada al dicho alcayde que es o por tiempo fuere della.

Debemos recordar que el aviso de la llegada de navíos españoles fue muy importante puesto que por el Mar Océano no dejaban de navegar corsarios y piratas, sobre todo, ingleses y franceses, que saqueaban las ciudades de la costa. Por eso había que extremar las precauciones.

En el año 1569 se hizo una relación de las armas, arcabuces y pólvora que fueron remitidas des de Génova a España en un galeón que iba capitaneado por Vicente Viasso de Alegrete. En total se enviaron:

137 cajas en que dize que ay mil y seteçientos y ochenta arcabuzes, a 13 arcabuzes por caja, excepto una que ay 12 solamente.

Ytem, treynta cajas en que dize que ay sesenta flascos de arcabuzes, eçepto dos cajas en que van çinquenta por cada una.

Çiento y treynta y tres caxas de cosoletes y en cada una de las quales dize que ay çinco cosoletes.

Y, finalmente, se completaba este envío con trezientos y sesenta barriles de pólvora de los quatroçientos que truxo en las galeras el señor Joan Andrea y los quarenta barriles se dexaron de embiar por quanto la galera de Estevan de Mari que los truxo de Nápoles no se halló aquí al tiempo que en el dicho galeón se embgarcó lo susodicho y se hizo a la vela.

Este relación de armas, arcabuces y pólvora es un documento que se hizo en Génova a treynta de octubre de 1569.

En el siglo XVI, los que fabricaban pólvora se llamaban polvoristas…

Así es, y la elaboraban valiéndose de cedazos, cazoletas de sacar pólvora, morteros con mazos de madera y panderas.

Y existían los polvorines de cuerno que eran unos frasquillos de llevar la pólvora. Esta pólvora se vendía por libras y fue relativamente abundante la que se vendía de Aragón y de Sevilla.

Y pasamos al siglo XVIII, al reinado del célebre Carlos III…

Importante reinado, en el que el rey emitió, desde El Pardo, una Real Cédula en la que establecía el reglamento sobre el uso y distribución de pólvora, balas y piedras para los batallones de Infantería, documento que fundamentó del siguiente modo:

Por quanto he tenido por útil y conveniente a mi servicio que los soldados de mi Infantería se habiliten en el cargar y apuntar bien, a fin de que familiarizados con el uso de los tiros en la paz por un ensayo semejante a las operaciones de la Guerra, adquieran aquella prontitud, firmeza y confianza que produce la práctica, he venido en señalar anualmente para los ejercicios de cada Batallón, desde el mes de abril de este año en adelante, la pólvora, balas y piedras que expresan los artículos siguientes.

Y se hace relación de todo ello, haciendo hincapié en esa práctica de tiro que debía adquirirse en tiempos de paz para ir con confianza cuando hubiese que usarse en guerra.

Y relativo al uso de aquella pólvora por nuestra geografía, sabemos que el Archivo Histórico actual fue edificio que ocuparon los franceses durante la Guerra de la Independencia, y que sufrió las consecuencias de la pólvora…

Así fue y así lo tenemos documentado. Como los oyentes conocen, el actual Archivo Histórico fue Tribunal de la Inquisición hasta que llegaron las tropas francesas a Cuenca y lo ocuparon, durante la Guerra de Independencia. Pues, bien, tras unos años en la ciudad, cuando se marcharon de Cuenca, emplearon la carga de pólvora que les quedaba en volar este edificio, que, siendo los daños cuantiosos pudo haber sido una pérdida irreparable porque solamente volaron una parte de la zona suroeste.

Además, tenemos documentados otros casos anteriores en el tiempo en los que la pólvora es la protagonista, como fue la denuncia que puso el alguacil de Cuenca, Francisco Gómez, contra Martín de Cogolludo, por disparar y matar unas palomas con una escopeta con pólvora y perdigones, en el año 1583.

O la denuncia de Antonio de Mella, alguacil de Cuenca, contra un vecino de Iniesta, por meter en la ciudad cosas prohibidas como naipes, pólvora, pimienta, alpargatas y otras cosas, en el año 1620.

Y, avanzando los siglos, tenemos un caso más curioso es el expediente del año 1901, en que se dispuso el alzamiento de los bienes embargados a una procesada, natural de Albendea, por el contrabando que hizo de pólvora.

¿Y esta pólvora que llegaba a Cuenca, dónde se fabricaba…?

Tenemos datos relativos al fabricante de salitres de las Reales fábricas de pólvora de Murcia, a las que, por ejemplo, en el año 1809, se solicitó una remesa de 900 arrobas para las necesidades que había en Cuenca.

Además, el fabricante de Murcia, ante el mucho trabajo que había que sacar adelante en la Real fábrica, pidió ese mismo año 1809 que se exonerase a los mozos robustos e instruidos que mantenía para la elaboración de la pólvora y que habían sido alistados.

Y como curiosidad final tenemos que contar en un expediente se incluyeron diversas piezas de convicción de un detenido, que fueron una bolsa de pana, una escopeta de pistón y un cuerno con pólvora, en el año 1909.

Pues así finalizamos el programa de hoy, en el que hemos aprendido un poco más sobre salitre, pólvora y su uso a lo largo de la Historia.


Datos para la Historia del convento del Carmen (Cuenca)

Escrito por AlmudenaSerranoMota 15-01-2019 en Así dicen los documentos. Comentarios (0)

Datos para la Historia del convento del Carmen (Cuenca)

Programa de radio emitido en Cadena SER Cuenca, el 10 de enero de 2019..


El convento del Carmen y las guerras

En el programa de hoy vamos a hablar del convento del Carmen de Cuenca, edificio que lleva años destinado a ser Colegio público pero que desde siglos atrás fue la casa convento de los Carmelitas descalzos de Cuenca.

¿En qué época nos vamos a centrar para conocer algo más de este importante edificio, que tanta historia ha visto pasar…?

Efectivamente, todos nuestros oyentes conocen el actual Colegio del Carmen, que es donde estuvo el convento de Carmelitas de Cuenca. Pero lo que quizá no conozcan es lo que vamos a contar hoy.

En el Archivo Histórico de Cuenca conservamos documentos desde el año 1614 hasta 1885, que es un marco cronológico muy amplio y suficiente como para conocer muchas cosas de las que sucedieron entre sus muros, sobre todo, porque el convento no se fundó antes de 1614, que es la primera noticia que tenemos.

Según este documento notarial, la fundación, en un primer momento, se hizo no en el edificio que todos conocemos, sino en otro lugar, como nos dice este documento otorgado por quien era entonces obispo de Cuenca, Andrés Pacheco:

‘Por quanto nuestro deseo y voluntad a sido y es de fundar y dejar en esta ciudad un monesterio de religiosos descalzos de la horden de Nuestra Señora del Carmen, y que se haga en el sitio y casas que tenemos en la ysla, que llaman de Monpesler, ribera del río Júcar, extramuros de la dicha ciudad’.

Y por otro documento sabemos que en el año 1727, los frailes ya estaban instalados en el convento que todos conocemos, porque se hizo una escritura ante notario de un préstamo con garantía sobre un casa junto al combento nuebo de Carmelitas Descalzos de Cuenca’.

Allí estuvieron los frailes carmelitas hasta que en los años de la Guerra de Independencia, tras la llegada de las tropas francesas a Cuenca, sufrieron el saqueo del convento. En concreto, el año 1812 se inició un expediente sobre el secuestro de bienes a los carmelitas, tras la invasión de las tropas enemigas por el gobierno intruso.

En este expediente se trata del restablecimiento de su comunidad, que solicitó fray Antonio de la Encarnación.

Ya vimos en programas anteriores cómo los franceses saquearon lo que pudieron e imaginamos que este edificio no correría mejor suerte…

Por supuesto…

Lo que hicieron las tropas francesas fue ocupar su convento, robar muebles, utensilios y alhajas, que algunas se depositaron en san Felipe Neri. Además, sabemos que el reloj que tenían fue trasladado a la casa del conde de Cervera. Y los frailes solicitaron recuperar sus pertenencias.

¿Y qué fue de los frailes que tuvieron que dejar el convento…?

Por un lado, se dio el caso de los frailes que se unieron a los franceses y lo que se hacía con sus rentas y bienes era confiscarlos, que era lo que ocurría con los bienes de todos los que estuvieron a favor de los enemigos franceses.

Casi paralelamente, el Estado se incautó de bienes de instituciones eclesiásticas, durante las célebres desamortizaciones y, a partir de ahí, sus bienes fueron subastados.

La situación en la que quedaron los frailes fue de gran pobreza, tanto fue así que tuvieron que solicitar que se les señalase alguna consignación para poder atender su subsistencia. Normalmente, se les concedían 4 reales diarios.

¿Y consta en el Archivo Histórico información acerca de lo que hubo en el convento, cómo era, qué salas tenía…?

Sabemos qué bienes tuvieron en el convento porque se hicieron Inventarios de todo, sala por sala, y sabemos con precisión dónde estaba cada cosa.

Por ejemplo, en la cocina tenían lo siguiente:

Una caldera grande y un jarro de cobre, sartenes, cacillos pequeños, perolos y ollas de hierro, cazos para sacar aceite y nada más.

¿Y tras la Guerra de la Independencia y las Guerras Carlistas, qué fue de este lugar…?

El edificio, que quedó bastante deteriorado, fue subastado en arrendamiento en el año 1842 y terminó siendo ocupado por distintas oficinas de la Administración pública: Gobierno Civil, Hacienda, Diputación provincial, Correos y Telégrafos entre otras. Esto fue así porque desde el Gobierno central se ordenó que todas las oficinas ocupasen un mismo edificio para evitar costes de alquileres, y, en Cuenca, el más grande era el del Carmen. Pero había que hacer reformas por el estado en que se encontraba el inmueble.

Veamos cómo sucedió esto, según los documentos conservados en el Archivo Histórico de Cuenca y que datan del año 1886:

Adjunto expediente relativo a la reedificación del ex convento del Carmen, sito en esta capital, para que se instalen en él todas las oficinas de la provincia, o en su equivalencia, se proceda, sin la menor demora, a su inmediata enagenación, teniendo en cuenta su estado ruinoso y los perjuicios que con tal motivo se pueden irrogar a los intereses de la Hacienda.

Lo que Hacienda vio como más apropiado fue que se ejecutase la reedificación del ex convento del Carmen o que se procediera a su enajenación.

Había que optar por una solución porque, por los documentos que se han conservado, sabemos los elevados alquileres que todas las oficinas de la Administración pagaban y había que economizar aquellos costes, reuniendo en un mismo edificio aquellas oficinas.

¿Y qué precio tenían los alquileres en aquellos años…?

A fecha de 24 de septiembre de 1886, se pagaban las siguientes cantidades anuales:

Oficinas de Hacienda: 14.000 reales.

Gobierno civil: 8.000 reales.

Guarda almacén de efectos estancados: 4.000 reales

Telégrafos: 5.000 reales.

Correos: 4.000 reales.

Fomento: 3.000 reales.

Gobierno Civil: 6.000 reales.

Total: 44.000 reales.

Además, sabemos que ya había sido ocupado por oficinas de la Administración con anterioridad pero ocurrió lo siguiente:

En su consecuencia, no puedo menos de llamar la atención de vuestra ilustrísima por si lo juzga oportuno lo haga saber al señor ministro acerca del expresado edificio, donde estuvo instalado el Gobierno de provincia y demás oficinas del Estado, que fue pasto de las llamas, en julio de 1874, a la entrada de los carlistas en esta ciudad.

Ya sabemos el motivo por el que el ex convento debía ser reedificado. Ahora veamos qué más motivos se dan para solicitar esto y lo que costarían aquellas obras:

El cual pudiera reedificarse con el fin de que tuvieran cabida en aquel todas las dependencias que aparecen en adjunta nota, en cuya obra, en sentir del que suscribe se gastarían de 8 a 10.000 duros, teniendo en cuenta lo que se tiene satisfecho por alquileres en el espacio de doce años, a razón de 44.000 reales, que anualmente importan los expresados alquileres de referidas oficinas, arrojan un total aproximado de 52.500.

Las ventajas que ofrecía la reedificación también quedaron escritas:

Y caso de proceder a ejecutar las obras por cuenta del Estado pudiera reintegrarse en cinco años todos los gastos que se invirtieran en la reparación de que se trata, pudiendo también utilizarse en ella las maderas, piedras y demás efectos, que existen en el antiguo edificio, obtendría un gran beneficio el erario, y de otra manera sale gravado lo que a juicio de esta administración convendría tenerse en consideración.

Además, se considera el hecho que por estar situado en esa zona de la ciudad, sólo ofrecía ventajas para instalar oficinas y que, si se vendía, se pagaría poco por él:

Al propio tiempo creo de mi deber significar a vuestra ilustrísima que el precitado ex convento del Carmen, atendida la posición topográfica que ocupa, no aprovecha únicamente más que para establecer oficinas, y en caso de enajenarse como de Bienes Nacionales probablemente no darían arriba de más de 5000 pesetas, puesto que no es capaz para hermosear y mejorar la población construyendo casas para alquilar.

De este modo, se manifestó la conveniencia de que se reedificase, pero,además de las necesidades de la Administración para ocupar un único edificio, hubo quejas de algunos vecinos por el estado de ruina en que se encontraba y el peligro para sus viviendas.

Así, el 8 de marzo de 1888, se presentó una instancia por parte de Joaquín Sánchez, en la que exponía lo siguiente:

Que es dueño de una casa en esta ciudad, calle de don Andrés de Cabrera, número 25, que linda por la derecha con el edificio propio del Estado, donde estuvieron hasta el año 1874 las oficinas de Hacienda, y en donde tiene una servidumbre también el que suscribe, cuyo edificio fue incendiado por los Carlistas cuando entraron en esta ciudad en dicho año, quedando en estado tan ruinoso una de las paredes que cae a dicha casa, y que en el día está próxima a desplomarse.

Con el fin de evitar desgracias personales y perjuicios materiales, el vecino se apresuró a ponerlo en el conocimiento de vuestra señoría, para que prevea elevar esta instancia a la superioridad, para si tiene a bien acordar se derribe por cuenta del Estado la pared de que se ha hecho mérito, evitando con ello los perjuicios que pudieran causarse al exponente.

El 20 de marzo de ese año 1888, se tomó la decisión de que el perito de fincas urbanas, Braulio Varela, se personase en el edificio del Carmen y calificase la ruina a la que aludía el vecino, con el fin de que se acordase lo más procedente, para lo cual se le envió el siguiente documento:

De conformidad con lo acordado por la Delegación de Hacienda, he de merecer de usted se sirva constituirse en la casa sita en la calle de don Andrés Cabrera, nº 25, de la propiedad de don Joaquín Sánchez, que linda por la derecha con el edificio perteneciente al Estado, ex Convento del Carmen, incendiado por los Carlistas en el año 1874, toda vez que una de las paredes que caen a su referida casa se halla en inminente peligro de  ruina, según significa el interesado, y después de cerciorado detenidamente de su situación, certifique desde luego, de lo que resulte del reconocimiento que practicare.

Y vamos a ver ahora qué decidió el perito de fincas urbanas…

Tenemos la respuesta en el documento emitido por este perito agrimensor de Hacienda y vecino de Cuenca, el 21 de abril, en el que propuso la enajenación de las ruinas del ex convento:

Ya tiene conocimiento vuestra ilustrísima que el ex convento del Carmen, donde estuvieron establecidas las oficinas de Hacienda de esta capital, fue quemado por los carlistas en 1874.

Con tal motivo hubo de proponerse a esa superioridad, en 30 de enero de 1886, bien la reedificación del mismo o en venta, en razón al menoscabo que de día en día se iba observando en sus ruinas.

Estas han llegado hoy a un estado por demás deplorable, tanto que don Joaquín Sánchez Romero, de este propio domicilio, tiene solicitado el derribo de un paredón próximo a su casa para evitar los perjuicios que pudieran ocasionarle el hundimiento que amenaza.

La Delegación de Hacienda no tenía fondos para proceder al derribo, sin crédito que autorizase tal operación, además de que se debía tener en cuenta la responsabilidad que sobrevendría por ser notorio el inminente riesgo que amenaza el paso por aquellas inmediaciones.

Con lo que el perito propuso lo siguiente:

He creído conveniente, en méritos de la necesidad, proponer a Vuestra Ilustrísima se lleve a efecto la venta del citado ex convento como medida urgente, y en todo caso, autorizar los gastos que ocasione el derribo de las paredes más ruinosas, puesto que la reedificación no cabe ya dentro de los buenos principios económicos, atendiendo al estado de destrucción en que todo ello se encuentra.

Pero había otro vecino afectado por el riesgo de ruina, José Martínez Otonel,

Es público y notorio el inminente peligro de ruina que amenaza el ex convento del Carmen, como igualmente lo son los daños y desgracias personales que en su hundimiento pudieran sobrevenir a los dueños de las casas contiguas a dicho edificio.

Este vecino, Otonel, también envió instancia, según queda de manifiesto en otro documento de 5 de octubre de 1888:

Y, en tal concepto, tengo el honor de remitir adjunta instancia promovida por don José Martínez Otonel, de esta vecindad, esperando que con la mayor urgencia se digne acordar lo que creyere más conveniente, a fin de evitar los males que se indican en dicha instancia.

Y qué se resolvió sobre el peligro que había sobre la casa de este ¿vecino…?

El día 10 de noviembre de 1888, desde Madrid se acordó que en vista del estado de ruina de la cornisa de ladrillo a sardinel y tejas del ex convento del Carmen, que se halla a punto de caer sobre la casa de Don José Martínez Otonel, número 9 de la calle de don Andrés de Cabrera, que se proceda, desde luego, a su demolición.

Todo esto se comunicó al Delegado de Hacienda de la provincia de Cuenca y con fecha de 8 de mayo de 1889, se aprobó por la Dirección General de Propiedades la cuenta de los gastos ocasionados en la demolición de la cornisa de ladrillo a sardinel y tejas del ex convento del Carmen de esta ciudad, importante la cantidad de sesenta pesetas.

Finalmente, y una vez que el edificio se pudo subastar, en el año 1893 se inició un Expediente promovido a instancia de Tomás Rodríguez, vecino de Cuenca, solicitando que por el Estado se instalen las oficinas del mismo en la casa de su propiedad, en la Plazuela del Carmen, obligándose a cederla el Gobierno una vez transcurran 50 años.

En la instancia, Tomás Rodríguez propone la cesión del antiguo convento del Carmen para la instalación de las oficinas públicas, que el Estado venía satisfaciendo anualmente 14.892'36 pesetas por alquileres de las casas.

Además, y es un dato relevante, se indicó que había sitio suficiente no sólo para las oficinas sino también para viviendas de los Jefes de las dependencias.

Y así, a través de los documentos, hemos descubierto hoy algo más de la Historia del antiguo convento de Carmelitas descalzos de Cuenca.


La Navidad en siglos pasados. Dulces, felicitaciones y regalos

Escrito por AlmudenaSerranoMota 21-12-2018 en Así dicen los documentos. Comentarios (0)


La Navidad en siglos pasados. Dulces, felicitaciones y regalos.

Programa de radio emitido en Cadena SER Cuenca, el 20 de diciembre de 2018.


Dulces, felicitaciones y regalos de Navidad

El espacio de hoy lo vamos a dedicar a lo típico de estas fechas, los dulces y las felicitaciones de Navidad, como siempre, de la mano de los viejos papeles, que nos cuentan cómo se pasaban aquellos días, qué se comían, qué felicitaciones se enviaban y los regalos que se hacían.

Comenzamos por las viandas, los dulces…

Lo que podemos saber de qué se comía y qué dulces se elaboraban, lo encontramos en documentos conservados en nuestros Archivos Históricos. De modo que vamos a hablar de almendras dulces y amargas y de almendrados. Sabemos que las almendras se vendían en diferentes cantidades: libras, onzas y arrobas.

Los encargados de su elaboración fueron los confiteros…

Así es, los confiteros tenían sus tablas obradores donde secaban las almendras, que además, se usaban para elaborar aceites de almendra dulce, un líquido muy apreciado en medicina porque se usaba como purgante para los niños.

Se comían almendras y almendrones pelados, que también usaban los confiteros en las confituras.

¿Qué era lo que más se vendía…?

En aquellas confiterías se vendían alimentos tan apetecibles como marquesillas, mazapanes, bizcochos, caramelos, peladillas o mermeladas.

No faltarían los turrones…

El turrón se vendía como las almendras, por libras, onzas y arrobas, como veremos. Este turrón era un dulce típico de Nochebuena. Esto lo sabemos porque en una casa, dentro de las compras que se hicieron en las Navidades del año 1575, se encontraba el turrón.

Y creo que también tenemos noticia de aquellos años de un turronero célebre…

Claro, la elaboración de dulces y turrones tiene gran tradición en España. Veamos esta cuenta de compras que se hicieron en la casa de un conde:

7 docenas de cajas de turrón de a media libra y una docena de a libra

6 cajas de almendras peladillas, a 18 reales una.

Esta compra realizada en Córdoba costó 432 reales que se tuvieron que pagar al confitero turronero, Francisco Picó en el año 1855.

Y una curiosidad de estos siglos es que el turrón también se regalaba…

Así consta en los documentos, como un obsequio más de los que se hacían por estas fechas. Un ejemplo lo tenemos en el año 1751, en que se da cuenta de aquellos regalos que se hacían, como costumbre arraigada:

El correo de ese reyno no ha llegado a esta Corte, sin duda, por las muchas lluvias que aquí se experimentan, y continuando ausente el Duque, mi señor, prevengo a vuestra merced, de orden de su excelencia, que para los regalos de la Navidad próxima, que acostumbra hazer la casa, haga aprontar, de suerte que estén aquí el día quinze de diciembre venidero, treynta y dos toneles de azeite, los veinte y dos de a dos arrovas y diez de a una, castellanas, de la mejor calidad, con seiscientas cajas de turrón a dos libras, también castellanas, cada una, y que a su tiempo cuide vuestra merced de que vengan dichos géneros bien condicionados…

Otros dulces que hemos mencionado son los mazapanes, que se hacían en moldes de plomo y hay que decir que también se ofrecían en algunos bautizos, durante el siglo XVI.

Una fruta típica de este tiempo son las granadas…

Las granadas, lógicamente, también se consumían, junto a otras frutas frescas, pasas y frutos secos, que proporcionaban mucho alimento y energía.

Estas frutas aparecen en una carta que se mandó al marqués de Cenete, el 5 de diciembre del año 1701, en que se incide en el hecho siguiente:

Por no malograr la fruta deste pays, que en este año se encuentra poco sazonada, remito a Vuestra Excelencia esa carga de granadas, que se servirá mandar recibir en ínterin que llegan unas arrouetas de pasa y unas caxuelas de turrón…

Otro ejemplo de alimentos que se ofrecían como regalo lo tenemos en este documento del año 1804, cuando un marqués repartió estos regalos:

Canales de tocino que se enviaron a una condesa, a dos abogados y a un médico.

Este marqués envió al cajero mayor un bote de tabaco y una arroba de chocolate. Cuando se mandaban los regalos siempre se indicaba en una nota de entrega el domicilio del que recibía los regalos, la calle, el número y alguna otra seña de referencia frente a la Cruz de la Plazuela.

Junto al chocolate y el tabaco también se enviaban chorizos. Este mismo marqués envió 4 docenas de chorizos a un ayudante de la Tesorería, chocolate a varios procuradores pero al médico que le asistía sólo le envió 4 docenas de chorizos y el pago del sueldo de todo el año que le debía, sin chocolate ni tabaco.

No sabemos qué le hizo más ilusión, si el pago de todo su sueldo anual o los chorizos…

También se elaboraban roscones, que se vendían desde el mes de noviembre, coincidiendo con la festividad de Todos los Santos en adelante.  Los confiteros elaboraban, entre tantas delicias, los roscones, que eran roscas grandes, de masa, que se consumían entonces.

Otros alimentos típicos fueron las naranjas, peras, castañas, higos, pescado fresco, cabrito, longanizas y vino. Estos manjares los tenemos documentados en la cena de Nochebuena.

Pero algo que no puede faltar en estas fechas son las felicitaciones de Navidad, que también se hacían desde antiguo…

Siglos atrás se felicitaba la Navidad, el Año Nuevo y la festividad de Reyes. La costumbre de enviar una carta con los mejores deseos para la Pascua de Navidad también la tenemos documentada, como vamos a ver ahora.

Hoy todo esto ha sufrido una gran transformación puesto que las nuevas tecnologías han suplido el envío de cartas y tarjetas que siempre hemos enviado, aunque hay quien no ha perdido esta entrañable costumbre de elegir, escribir y mandar un christma navideño…

Veamos cómo eran aquellas cartas que he elegido para que nuestros oyentes las conozcan. Comenzamos por el siglo XVII, con una carta del 9 de diciembre del año 1685 que fue enviada al duque de Béjar desde Bélgica:

Señor, aunque pudiera escusar el cansar a Vuestra Excelencia, no me da lugar el tener estas Pasquas tan próximas, porque como criado tan afecto me es preciso anunciárselas, juntamente con las entradas de Años y de Reyes, que como tan interesado me olgaré las tenga Vuestra Excelencia muy felices, en compañía de my señora, la duquesa y mis señores. Yo quedo rogando a Dios me guarde la persona de Vuestra Excelencia, muchos años, como deseo y e menester.

Como el correo desde los Países Bajos tardaba unos 15 días en llegar a España, de ahí que las cartas se enviasen a principios de diciembre para que llegasen a tiempo.

Aunque algunos apuraban las fechas del calendario, como aquel que la escribió con fecha de 12 de diciembre y que felicitó así la Pascua de Navidad:

Señor, si en todos tiempos he deseado las ocasiones para tributar a Vuestra Excelencia el obsequioso rendimiento que deuo a Su Grandeza (…) las próximas Pasquas del Nacimiento de Nuestro Redemptor me dan atrevimiento y motivo para anunciárselas, con la veneración y respeto que me imponen mis infinitas obligaciones, deseando que Nuestro Señor se las conceda a Vuestra Excelencia, colmados de toda felizidad, de que resultará el tenerlas proporcionadas.

En estas cartas, los interesados no dejaban pasar la ocasión para seguir solicitando gozar del favor del noble al que servían. Veamos un ejemplo:

Si Vuestra Excelencia se sirviere de admitir este tan deuido a mi atención y de continuarme su poderoso amparo, a medida de la ambición con que vino en él todas mis esperanças. Nuestro Señor guarde la Excelentísima persona de Vuestra Excelencia, los muchos y felices años que deseo y he menester.

Eran las fechas apropiadas para demostrar y manifestar el aprecio que se tenía. Otro ejemplo lo tenemos en esta carta que llegó desde Nápoles y que se envió al duque del Infantado, a finales de noviembre del año 1699.

Deseo a Vuestra Excelencia, en todos tiempos, las mayores felicidades (…) pareze que este de las próximas Pasquas del Santo Nacimiento de Nuestro Redemptor llama a mi obligación para representar a Vuestra Excelencia esta verdad, y el rendimiento y veneración con que siempre estoy a vuestros pies, cuya Excelentísima persona guarde Dios en su mayor grandeza muchos años, como deseo y sus criados hemos menester.

Estas cartas se aprovechan siempre para agradecer honras recibidas, en la seguridad de que seguirán siendo tales, como la carta de cortesía que envió Juan de Velasco, capitán, a Juan de Dios Silva Mendoza, felicitando la Navidad, el 17 de diciembre de 1692, desde Bruselas.

En primer lugar, el capitán expone su agradecimiento de este modo:

La falta de conocimiento y mi mucha cortedad no me an dado lugar, asta ahora, de satisfacer esta primera obligación de ofrecerme al seruicio de vuestra merced y darle repetidas gracias de las onrras que e experimentado, guiadas por su dirección, a que eternamente viviré obligado, tanto como agradecido sin que me falte la memoria de que el duque, mi señor, me aya fauoreçido por la ynterçesión de vuestra merced.

Y, a continuación, el capitán expresa su felicitación:

Y con ese seguro pasa mi rendimiento a suplicarle admita el anunçio de las Felices Pasquas de el Nacimiento de Nuestro Criador, con entradas de años nueuos y demás festividades, que se las desea mi buena ley con prosperidad perfecta salud y demás cargos.

Seguidamente, el capitán Juan de Velasco, se brinda a seguir sirviéndole, como militar que es:

Esta experiencia la e visto por mí y no dudo que abrán sido y son muchos a los que vuestra merced aya patroçinado con su aussilio y su mucha caridad. Si vuestra merced me allare capaz de que le pueda seruir, le buelbo a suplicar disponga de mi persona a su satisfacción, que a mi me puede seruir de mucha gloria dar entero cunplimiento a sus órdenes asta dar la última gota de mi sangre por su seruicio y por su respeto. Guarde Dios la persona de vuestra merced felices años como deseo y yo he menester. Juan de Velasco.

En todas estas cartas comprobamos el protocolo de saludo y reverencia que se tiene con estas personas, cómo muestran su obediencia a estos nobles, y entre ellos mismos, y cómo se pide el favor y se espera ese beneficio.

Y como hemos hablado de regalos, vamos a terminar nuestro espacio navideño con una carta en la que se envían las felicitaciones propias de la Navidad y se comunica que, como regalo, se envía un loro. Esta carta fue escrita el 18 de diciembre del año 1770, en Cádiz, y dice así:

Querido primo: deseo a vuestra merced felices pasquas y entrada de año nuevo, en la amable compañía de mis queridas prima, tía y sobrinos, cuia espresión hacen los chiclaneros con afectuosas memorias para todos.

El día 15 del corriente salió el loro para esa corte. Desearé que llegue con toda felicidad de que espero tener este aviso para mi consuelo. Ya dixe a vuestra merced del trato que se le ha de dar y quando se quiera oyr ponerlo a el balcón y dejarlo, que él dirá lo que es. Lleva jaula nueva, funda de bayeta.

Finalmente, saltamos al siglo XX, al año 1917, para leer una carta muy emotiva que se envió de un hermano a otro, en noviembre, desde Madrid, en la que se decía esto:

Que ya está pensando su viaje de primero de año y nos dice que nos manda un regalo para Nochebuena.

Ya era ora que nos escribiera, que desde el día 13 de septiembre que recibimos carta suya con fecha del 29 de agosto. A ver si nos mandas un retrato cuando nos escribas, a ver si te conocemos, porque según dicen estás desfigurado por estar más delgado y sin bigote.

Ya no parecerás militar sino un señorito. Si estuvieras más cerca te mandaríamos unos pájaros, que se ha vuelto Basilio cazador con una red del confitero y van los domingos, él y un compañero suyo a la caza de colorines y pardillos.

Ya sólo nos queda desear a nuestros oyentes una Feliz Navidad y un muy Feliz Año Nuevo, y que, en la medida de lo posible, recuperemos algo de las Navidades de antes que todos hemos vivido, que eran tan entrañables. Es lo que hemos intentado con este espacio de hoy, recuperar esa memoria del pasado…